Suroeste

ADELANTOS DEL PRÓXIMO NÚMERO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 AMADOR PALACIOS

AMADOR PALACIOS (Albacete, 1954) es poeta, ensayista y traductor, con una dilatada trayectoria literaria. Colaborador habitual del diario ABC en Castilla-La Mancha, su pasión por la literatura lusófona es antigua, y se ha plasmado en sus traducciones de autores como Gabino-Alejandro Carriedo (Lembranças e deslembranças, 1988), Casimiro de Brito (¿Dónde se acumula el polvo?, 1989), el brasileño Lêdo Ivo (La moneda perdida, 1990), Camilo Pessanha (Clepsidra, 1995) o Cesário Verde (El libro de Cesário Verde, 1997).
Además, su pasión por la literatura portuguesa se ha manifestado también en su faceta ensayística, pues ha dedicado biografías a algunos autores y mediadores culturales españoles más afines a la cultura lusa, como Ángel Crespo (Humanidad y humanismo en Ángel Crespo, 2011) o el propio Gabino Alejandro Carriedo (La flor de humo (Autobiografía apócrifa de Gabino-Alejandro Carriedo), 2015).
Recientemente, Amador Palacios ha realizado un breve viaje a algunas ciudades de Portugal, del que han surgido los tres poemas que ofrecemos a continuación, como avance del conjunto más amplio que aparecerá en la versión en papel de Suroeste nº 6.

 

Trilogía en Portugal

A Rosario Quevedo Muñoz

                                  (Soportales de Évora)

 

Soportales de Évora
dialogando con paraguas morados
expuestos a una “chuva fraca”.

Alargarse por largas calles
a lo largo de “travessas” aviesas*,
y llegar al grato refugio
asiendo un bienestar
que medra en tonos albos y amarillos
sostenidos en pétreos
suelos que arrojan fieros emparrados.

La noche reclama verter el “espumante”
en mitad de la noche,
mascar las uvas pasas
antes del beso prolongado
y el orgasmo en los lienzos
desplegados en la bendita oscuridad. 

(Évora, 31 de diciembre de 2015)

 

* * * * *

(La mullida espesura de la Sierra de Arrábida)

 

En la avenida portuaria de una ajada Setúbal sólo quiero mirar un edificio, y penetrando en su interior de altas ojivas, adquiero una buena “garrafa” del buen vino del Alentejo para beberla entera, directamente del gollete, en lo alto de la Sierra de Arrábida, adhiriéndome a la mullida espesura del monte, y contemplando el mar, que esta vez no es un ente “siempre recomenzado” sino un único y sempiterno comienzo.*

Último sorbo, muy tristón, contenido en la fiduciaria oquedad del envase, queda arrojado, con un supersticioso fervor, sobre el viñedo de Azeitão. Bajo el cabo Espichel el mar (sigo negando a Valéry) no se sucede nunca. Abruptamente nace. No manifiesta crecimiento. Nace: esto quiere decir que se alumbra, durante instante no medible, a partir de la descorazonadora pereza del Caos y la armonía del Universo.

Despintando la bruma, posados en lejanos mas poderosamente visibles acantilados, sobresalen breves y enmascarados predios blancos; su máscara es la bruma, interpuesta y difusa.

Y, pacientes pero anhelantes, me esperan.  

(Cabo Espichel, 2 de enero de 2016)

 

* * * * *

(Lisboa)

 

Ésta es una ciudad
que celebra nuestra llegada
separando sus carnes
y expandiendo los jugos
provenientes de todos sus sentidos.

De lejos el pintor nos la pintaba
con rojizas colinas
y oportunos dorados
en la ciudad distante.*

Desde los altos miradores
esta ciudad cercana,
que ya hemos visitado 20 veces,
en nuestro honor lloraba de alegría
lanzando a sus galayos arropados
rachas de “chuva fraca”
sobre cúpulas de un blanco sucio,
sobre marmóreas hondonadas
y esos amplios tejados
encima de fachadas rosáceas.

Entre los abruptos relieves
de esta ciudad sentimental
“Pensar incomoda como andar à chuva
Quando o vento cresce e parece que chove mais.”**
Quiere máximamente nuestro sentir, nuestro pensar sentido***,
una lluvia sedante, sin viento, lluvia escasa
rezumada con decoro en las “rúas”,
“largos”, “becos”... Con saña, sin embargo,
vengándose en la hilera de neones
en nuevas avenidas.

Ambiente rozagante. Con las sayas al vuelo
vueltas hacia los bajos trenes de aterrizaje,
la piel de esta ciudad abre sus poros,
nos los abre permitiendo discernir la soltura
que los “maceiros” aplicaron apretando la piedra;
nos muestra alambres irisados
en pálidas pendientes
que procuran el silencio gatuno
proyectado en los súbitos “andares”
de la vistosa calle Vila Berta.

Y por fin, de camino a la Basílica
y su jardín enhiesto,
la calle de la Escuela Politécnica,
que se inicia en la bella bombonera
situada en el centro del ufano jardín
de la Plaza del Príncipe Real;
la calle de la Escuela Politécnica,
trazando suavemente un desnivel inocuo,
se abre a una algarabía,
compartida por pájaros, amables “alfacinhas”.
Inunda los estantes
de los “alfarrabistas”,
pues son conversaciones
que dulcemente se desgranan
en la delicia de las aceras
donde aterciopeladas sugestiones
demandan: “Beba isto com açúcar”.
Por la “bica” aclarada, un habla azucarada
empapa las calzadas humedecidas;
expresión de una lengua que se exhibe,
con sobrada molicie, ¡con molicie exquisita!,
como esta recia lengua castellana
desprovista de huesos.* 

(Lisboa, 5 de enero de 2016)


* “Em cada viela o vulto dum fantasma” (Florbela Espanca).

* “Sinto-me nascido a cada momento / Para a eterna novidade do mundo…” (Alberto Caeiro).

* Florbela Espanca: “El aviador”.

** Alberto Caeiro: “O guardador de rebanhos”.

*** Fernando Pessoa.

* Unamuno.

 
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