Suroeste

POESÍA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  CILLERUELO - LLANSOL

El poeta, escritor y traductor José Ángel Cilleruelo, colaborador de Suroeste, dialoga con la escritora portuguesa Maria Gabriela Llansol (1931-2008) en una serie de prosas imprescindibles que presentamos a nuestros lectores, recomendando la visita al blog del autor, El visir de Abisinia.
La memoria de la gran escritora lusa, una auténtica autora de culto aún desconocida para el lector español, revive en estos textos fundacionales de Cilleruelo, uno de nuestros más reconocidos lusistas.

 

Maria Gabriela Llansol, charla


1
Un charco de luz donde flotan las ramas que el viento del otoño ha arrancado. Encuentro a Ana de Peñalosa en la cocina. Escribe. El cuaderno abierto sobre el mantel de cuadros rojiblancos. La escucho con la espalda apoyada en los azulejos de la pared. Con el frescor recorriéndola. El rumor de la pluma al arañar el papel. La atiendo ensimismado. Sé que podría decir algo en cualquier momento, y Ana levantaría los ojos para mirarme. Pero entonces dejaría de oírla, así que callo. Y sin embargo hay una conversación. Las ramas del tilo que caen en la blanca alberca.

2
Árbol ojival, el níspero camina a paso lento por la senda lateral y de soslayo te sonríe, María Gabriela, cuando ni siquiera lo ves porque pasas atareada con las manos en los bolsillos del delantal. Extiende la tarde su mantel de meriendas sobre los parterres sosegados. Canta una calandria entre las hojas desmemoriadas del árbol lunático. El Eriobotrya Japónica apoya su bastón para avanzar con lentitud entre los macizos de dalias y cuando atraviesas el jardín con los ojos pendientes del papel que garabateaste anoche, tus zancadas dejan atrás la leve inclinación de cabeza con la que siempre te saluda.

3
La nostalgia de réplicas la suple Eleonora gracias a una pequeña maceta con siete bulbos de narciso. Si el terciopelo de los nubarrones cuelga como cortina ante la ventana, la coloca en el alféizar. Si una frase adolece de esta ausencia de voces por los corredores de su construcción, la deja entonces en la mesa, sobre el montón de folios escritos. Sin precaución, a veces, por regarla, vierte la jarra del agua y me apresuro trapo en mano a limpiar tierra y humedad antes de que la tinta abandone las palabras, salte de unas a otras, las confunda, las ciegue.

4
Entrelazadas, sobre la falda, las manos. Como abandonadas entre las telas, ignorantes de cualquier voluntad. Nunca he lamentado tanto no haber estudiado los secretos de la pintura para suplir lo que la memoria no sabrá guardar durante el tiempo que viva. Aquello que contemplaba Hadewijch de Bravante tampoco hubiera podido representarlo porque mis luces solo me permitían ver un carpe blanco de tronco ancho y abotargado. Empecé a comprender el sentido de la visión cuando desvié la mirada hacia la abertura de sus ojos cerrados, la respiración alterada, el cuerpo desprendido y, sobre todo, las manos temblorosas y tan ajenas.

5
Cestos de mimbre a medio llenar, o medio vacíos, arrumbados bajo un soportal. Cántaros que dan de beber al sol. Gallinas que estrenan la libertad. Basta el paso por las callejas del mercado de Marta y María, las dos hermanas  beguinas, para que lo perentorio extravíe sus razones. También a mí me ocurre. Por seguirlas con la vista descuido cualquier negocio que tuviera entre manos. Y ni siquiera voy a susurrarles severa cuestión al oído y escuchar su consejo con pasmo en el rostro. Ni desdoblo las mil dobleces de una carta para oír cómo transforman los garabatos en palabras.
6
Bergamota se ha cansado de ir de un lado para otro. De hacer el hatillo sin siquiera saber lo que echaba dentro, lo que quedaba fuera. Viajar se había convertido en una manera de permanecer siempre en el mismo sitio. El lugar que no cambia de lugar cuando cambia de lugar, por decirlo con gracia juglaresca. Se ha hartado. Ni siquiera se le advierte un ápice de nostalgia cuando las hermanas se recogen el pelo, se calzan las sandalias de suela gruesa y parten. Y si me acerco a consolar sus soledades, me desdeña y desaparece. Como cuando se iba.

7
Las hormigas y sus trazados geométricos. Las arañas y sus tableros de ajedrez transparentes. Los gatos y sus elipses. En la quietud lee Blanca el movimiento. Y con los dedos inquietos sobre el mástil del laúd dicta las leyes que lo comprenden. Observa el debate entre silencio y relincho. E imagina notas delicadas sobre la crin de una yegua lunar. Estudia la composición de las mazorcas despojadas de sus hojas y ensarta las palabras en las canciones que entonará el amanecer cuando coloree los campos. En la soledad adivina la voz de Blanca los amores que interpreta. Y yo escucho.

8
Tras tanto tiempo viviendo en los puntos suspensivos, en carromatos que circulaban por la página con las cortinas echadas, como las otras hermanas, o unas mujeres beguinas, o el viento aquella tarde estropeaba la caligrafía del humo… Cisca se sorprendió al ver su nombre escrito con letra de la cronista sobre el pergamino del Libro de Horas. Pensó, al principio, que se trataba de un apelativo de la Romana, o incluso de un error. Cualquier cosa que la mantuviera donde siempre había estado. Pero al saberse ella misma reflejada, y no otra, sintió angustia por la pequeñez de su nombre.

Lisbona

Sampol

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 S. T. SAMPOLS

El poeta catalán Gabriel de la S. T. Sampol ha publicado recientemente Lisbona, un libro de poemas en el que recorre la geografía real y mítica de la capital portuguesa. Poeta, traductor y crítico literario, su voz es, sin duda, una de las más singulares de la literatura catalana de nuestros días. Suroeste ofrece, con la complicidad amistosa de quien se sabe miembro de una misma familia, tres poemas de ese libro.

 

CEMITÉRIO DOS PRAZERES

És estrany aquest nom del cementeri;
no hi diu. És el primer que tothom pensa
i, un cop sabut l’origen, ja s’entén,
però queda un regust de paradoxa
que fa de mal llevar mentre es visita.

Allò que de mortal tingué el poeta
en qui tants varen viure i escrigueren
aquí fou soterrat. Alguna cosa
roman aquí, tot i que ja no hi sigui,
i ens fa parlar-li: sente-te sonhado
e ergue-te do fundo de não seres...

Enturonats, podem mirar la vida
des del país dels morts. Es veu el Tejo,
travessat per un pont com l’esperança,
que, decidit, vers l’Altra Banda porta.
Prazeres. Un cop més ens ronda al cap
la paradoxa de plaers i mort,
el goig d’aquest topònim funerari.
Abans d’arribar aquí hem visitat
un altre cementeri, el dels Anglesos;
com tots els protestants, és un jardí
on la mort fructifica i no ho ostenta;
també la casa d’ell (ara un museu)
i el temple dedicat al Conestable.
Trobam el món sencer en aquest turó.
Prazeres, repetim. I ja no ens sobta,
ja no cercam perquès ni pretenem
ser més savis que els mots. Lelia doura...


PRAÇA DE CAMÕES

Muden els temps i muden voluntats
i tu ho veus tot mudar des de l’altura
amb la calma que dóna la ventura
de ser bronze i ser versos celebrats.

Com sempre a tu venim enlluernats;
és tocar mare veure’t la figura:
mirar-te ens fa sentir la forma pura
dels sonets tantes voltes recitats.

No som bronze, però, i tot flueix:
per a nosaltres tot mudant fa via,
tant que ben prompte tot es desconeix.

I allò que estimam més molt més canvia:
malgrat el teu avís, tard es coneix
que ni tan sols no muda com solia.


ADAMASTOR
(MIRADOURO DE SANTA CATARINA)

Fet pedra manifest la meva ràbia
pel límit que gosaren traspassar
els lusitans, guiats per un que em deia
que no era ell sol, que ell era tot un poble
que volia el meu mar. I els seus poetes
a tots el que em robaren fan saber,
i em titllen de mostrengo i, sobretot,
despullen la meva ànima i la mostren.
Luís, però, va entendre el meu dolor
i sé que plorà amb mi, en escriure els versos.

Quan no em veuen, dels ulls em fuig tot l’odi
i mir el riu que porta fins a ella,
i torn a demanar-li amb gran tristesa:
Que te custava ter-me neste engano?
Després novament sóc mostrengo petri
que amaga els sentiments dins una encletxa.
Només tu, viatger, has sabut veure-ho;
només tu, viatger, goses entrar-hi
e navegar meus longos mares ousas.

 

De Gabriel de la S. T. Sampol, Lisbona,
Palma: Lleonard Muntaner Editor, 2015

 
'